Wednesday, May 28, 2008

Che, Me Mudaré

My time in South America has ended. Although I blogged little about my adventures in Buenos Aires, I composed a poem about ordinary yet meaningful reflections that defined my experience. Lo siguiente es un homenaje a la ciudad que ya extraño. The title means, "Hey, I'm Moving." Native Spanish speakers have told me that the poem is uniquely descriptive and lyrical. I fear an English translation would lose this musical rhythm, and consequently have not included one.

Che, Me Mudaré

Para los bonaerenses es su provincia.
Para los porteños es su ciudad.
Para los argentinos que restan es su capital.
Para mi, Buenos Aires no es un lugar, sino una mezcla de sentimientos, sonidos y sueños.

Un cruce de esquinas y momentos cuando mi destino chocó con un destino:
Peña y Uriburu, bajo un diluvio, cuando recebí las primeras llaves para abrir esta vida nueva.
Florida y Mitre, los jueves a las 18:30, sentado en el segundo piso tomando un café y conversando con mi pareja de intercambio.
Calle 5 y Calle 6 donde sentía el temor de meterme con la frontera de la villa 31.
Santa Fe y Riobamba donde observé un cacerolaso antes de juntarme con los demás. Marché a la Plaza, tapa y cuchara en mano. Los golpeé al ritmo de ser un argentino animado y armado con la pasión de protestar.

La pasión se convierte en la rivalidad, una especialidad de esta ciudad.
De Boca y River, Freddo y Volta, Nación y Clarín, bondis y tachos, centro y suburbio, soberbio y decente, lomo y bife, tinto y blanco, la movida y la aurora.

En Buenos Aires vivía días de dos horas.
Dos a la mañana en la sala de musculación, entrenando.
Dos a la tarde en un aula con mujeres listas, hablando una lengua viva.
Dos después en un café, leyendo obras de escritores en español.

Un día en que si no hoy, hay mañana, y si no mañana, pasado mañana está bien también.
Una ciudad de onda, con sedución y sin presión.
Servicio no punctual, sino relajado al lento paso de un tango.

Algunas veces los pasos aumentan. Los cartels me advierten:
Sólo en efectivo
Colabore con cambio
No hay monedas
No se vaya sin factura
Cierre la puerta
Descienda por atrás
Mantenga distancia

Está alerta por acá.
Mirá por donde pisás, no sólo por las veredas agrietadas.
Entre robos y paros, demonstraciones e inundaciones, hay un menú de los quilombos del día.
Sueldos fijos, precios subidos, monedas desaparecidas.
El coro de bocinas Microcentrinas, la sirena de SAME, el silbido del Subte.
El humo de un 60, la neblina del campo.
¡Pará!
A pesar de respirar días difíciles, el mal olor se transformaba en un buen amor.
Aires siempre eran Buenos.

Tal vez sea optimista con placeres sencillos:
El beso de encuentro y partida.
Una gota de Persico con coco y dulce de leche con brownie.
La aroma del maní garrapiñada flotando en el aire.
La sensación de verde en la Plaza San Martín, cubierta en las hojas y la mansarda.
Un paseo por el Palacio de Aguas Corrientes donde un suspiro siempre se me escapaba.
Una vista nocturna del Obelisco, el clave blanco anclado en el corazón de la capital.
La madera de la Línea A, cuyas carrozas viejas se desplazan bajo de la tierra.
La luz negra dentro del colectivo 109, viajando por Viamonte a la madrugada
Las calles empedradas con sus fachadas pintadas.
Los graffitis y el arte callejero que busqué a pie por Barracas y Constitución a San Telmo.
El código del lunfardo y las muletillas de “che” y “boludo.”
Los tiempos cuando una señora me llamó “joven” o un camerero me saludó “caballero.”
Los almuerzos ejecutivos con una copa de tinto y dos bochas al final.

Ahora estoy en un café cualquiera.
Me siento solo, pero acompañado con un tostado mixto y licuado de banana – siempre con leche.
Escribo estos pensamientos sobre el volante de “Mi Matute,” mi pizzeria preferida donde pedía en persona una criolla para evitar equivocarme por teléfono.

Escribo como el periodista que no voy a ser,
Como el poeta que no sabía que era.
Palabras, lágrimas y recuerdos llenan la página, fundidos como el jamón y queso en el plato.
Esta es la ciudad que yo veía, donde yo vivía, porteño, por un poco.

El fin de la travesía se acerca.
De Buenos Aires me voy, dejando buenos tiempos y la vida tranquila.
Espera el próximo capítulo.
Extingo este fuego lento que creció.
El humo reaparece.
Pero esta vez huele bien.
Bien dulce.